Jimena Cecilia Trombetta
Silencio de hembras
"Silencio de hembra", de Mónica Salvador, con dirección de Herminia Jensezian y la actuación de Belén Santos, es una obra que recobra la esencia intimista del teatro independiente. Se trata de un unipersonal que narra la vida de una joven que creció sin conocer de su padre más que el accidente de tránsito ocurrido cuando ella tenía apenas un año.
En esa ausencia transita su niñez y adolescencia, al cuidado de su madre y de su abuela. A este entorno se suma la figura de su padrastro, Víctor, quien mantiene una relación tensa con la abuela y propaga un ambiente oscuro que invade a la niña. Los recursos escénicos —la luz, la música en vivo interpretada por la propia actriz y la coreografía (Marcelo Savignone) entre su cuerpo y el de Víctor (representado por un sobretodo)— junto con las pequeñas estatuillas que simbolizan a la abuela, la madre y el padre, convierten a esta puesta en un espacio de reflexión sobre temas como la violencia de género y la fragilidad de la maternidad sin una red de contención.
La puesta en escena, en el marco del Teatro Tadrón, permite una disposición de enfrentamiento entre los públicos que hace que podamos observar los gestos y miradas de aquellos que estamos presentes y somos testigos de la lucha interna de la joven que logra finalmente recordar. Sin duda Silencio de hembra invita a dar valor a la palabra de las mujeres, dejando en claro que el sometimiento masculino no tiene nada de natural.
El corazón del mundo
El corazón del mundo de Santiago Loza recorre la historia de vida de un hombre (Guillermo Angheleli), a punto de morir tras recibir un golpe en la nuca por un indigente. Este ser solitario recuerda sus vínculos con su mujer, su amante y sus hijas. Narra diversos espacios-tiempos en los que rememora los tres hombres que fue.
La obra estructura este mundo que varía entre el presente y el pasasado, lo teatral y lo ficcional. Desde la incorporación de los hologramas adquiere ese movimiento. Guillermo Angheleli conforma las escenas mediante este recurso tecnológico de una manera muy precisa y creíble. Con casi nada de objetos en escena se recrea esa multiplicidad de mundos que interpelan al espectador.
Mazel Toc
Nicolás Litman trae a la escena teatral porteña Mazel Toc, un biodrama sobre su vida en el que nos introduce en el universo de quienes transitan el síndrome de Tourette. Mediante la dirección de Fernando Ricco se incentiva el humor que recorre fragmentos de su infancia, adolescencia y madurez. El bullying, la necesidad de pertenecer, el judaísmo, la compañía de sus padres y su abuela, la posibilidad de entablar amistades y la búsqueda de una compañera de vida marcan el drama y la acción de esta obra, que recurre a diversos elementos escenográficos y de vestuario para encarnar a los múltiples personajes que aborda. A través de este unipersonal que se vincula cara a cara con el público, Litman acerca una experiencia de vida que, sin duda, ayuda a comprender realidades que en la sociedad del exito suelen estar vedadas o estigmatizadas.
Paraíso de Dios
Paraíso, de Inmaculada Alvear, trae a escena un unipersonal bajo la dirección de Ignacio Rodriguez de Anca, con la descomunal actuación de Luciano Cáceres. Cabe aclarar que inicia en la Sala Cunill Cabanellas del Teatro General San Martín, pero a la brevedad pasará al Teatro Regio.
Mediante la incorporación de la clase inmigrante y trabajadora y la interacción del realismo mágico, la obra es capaz de realizar una crítica feroz a la clase empresarial. Juan Valero, un sórdido empresario capaz de presionar a sus clientes y mandar a matar a cualquiera que se oponga en su camino, es operado del corazón. Al obtener un trasplante, sus deseos, sensaciones y forma de vida comienzan a cambiar: el corazón de Jenny, una trabajadora sexual fallecida, se traslada al cuerpo de Juan.
Más allá del desarrollo argumental de la obra, que implica sin duda la amalgama de dos mundos contrapuestos, se avanza hacia la crítica social haciendo interactuar a Valero con el obrero, el ceo, su colega, su mujer, su hija y con el hijo de Jenny, etc. Cabe aclarar que Cáceres encarna todos esos vínculos con un muñeco de práctica de RCP como interlocutor. Además de ser una clase de actuación de fuste, la grandeza de este actor es acompañada por una propuesta multimedial que habilita múltiples espacios-tiempos, reales y oníricos.
La obra de Inmaculada Alvear propone vivir el tránsito de la violencia que vive un cuerpo que se transforma sin perdonar a sus agresores. En estos tiempos, resulta una obra necesaria para repensar los vínculos humanos y la manera de relacionarnos con el Otro.
Incidente en Vichy
Incidente en Vichy de Arthur Miller con la adaptación y dirección de Pablo Gorlero, aborda la causa judía en el marco del holocausto en el comienzo de la segunda guerra mundial. Vichy, ciudad francesa, es tomada por los alemanes. Toda la acción de la obra transcurre en un centro de detención, de la mano de la escenografía de Gabriella Gerdelics.
Dos guardias de seguridad, el comandante a cargo de la reclusión de los judíos, el profesor, son los principales personajes encargados en secuestrar a un grupo de personas que serán juzgadas por su judaísmo. Estos personajes ingresan y salen de escena generando climas de extremo conflicto y tensión en la sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza donde vimos la función.
Entre sus ingresos se desarrollan escenas que posicionan ideológicamente a cada una de las personas secuestradas. La riqueza y la posibilidad del pensamiento crítico alrededor de la causa judía es lo más interesante de la obra. Un príncipe inglés, un psiquiatra, un maquinista de tren, un artista plástico, un actor, un adolescente, dos camareros y un empresario, son quienes serán interrogados.
Con 15 actores en escena (Mateo Chiarino, Patricio Coutoune, Rubén De la Torre, Mario Petrosini, Junior Pisanu, Rodrigo Raffetto, Pablo Turchi, Santiago Lozano, Enrique Iturralde, Jerónimo Dodds, Marcelo Rodríguez, Julián Mardirosian, Mauricio Méndez, Mariano Sgalilni, Marcelo La Valle, Diego Semino y Gonzalo Álvarez) logra dar cuenta de la historia de Alemania, pero que sin duda podría pensarse en Argentina, por su pasado violento, y por un presente que gestiona el individualismo y el menosprecio a determinados extranjeros. Asimismo, aporta a la reflexión, quizás tomando de referencia algunos pensamientos de Hanna Arendt e incluso de Jean Paul Sartre, donde la banalidad del mal y la complejidad de la frase “tolerar al diferente” habilitan una sociedad distópica. La obra de Miller adaptada por Gorlero da cuenta de esa lucha de aceptación del Otro (se menciona en ella al peruano) e incluso hace mecha de manera indirecta a varios puntos actuales a nivel internacional, se deja en claro que el judío también lucha con un judío (ese otro a “tolerar”). La obra en ese sentido resuelve mediante uno de los personajes la necesidad de comprender la importancia de gestionar el afecto y la amistad como manera de modificar la idea de tolerancia y pasar a vivir en un marco de coexistencia y paridad.
Inspiración Bukowski
Inspiración Bukowski de Sabrina Arias con las actuaciones de Leandro Bassano y Malena Padin se dio en el NUN Teatro. En la obra Arias recorre el mundo y la estética bukowskiana sin abordar propiamente la vida real del poeta, sino trasladando su mundo a la ficción. Sin más la obra trata de un escritor que escribe sobre otro escritor mientras sueña con una mujer. Arias incorpora su propia búsqueda en el marco de la estética bukowskiana en la que prima lo sexual y lo escatológico. En esa línea logra darle espacio al mundo femenino desde el propio deseo, por fuera de la mirada masculina. La actriz transita ese mundo. Ella encarna no solo la sensualidad de este personaje femenino, sino que logra ser el propio escritor en conjunto con su partener. El vestuario en tonos neutros, que por momentos evoca la época del poeta, complementa junto a la escenografía y el sonido ese mundo bukowskiano que Arias evoca desde su propio lenguaje.
La mayor
La mayor (1972-1976) es un relato de Juan José Saer que gira alrededor de un recuerdo al cual no puede capturar. El relato indaga sobre el tiempo y la memoria, sobre estos dos conceptos en el marco del lenguaje, de la narrativa y de la afección de esa narrativa en el pensamiento rumiante que propone. La experiencia escénica que proponen Juan Coulasso y Victoria Roland brinda ese no asir el recuerdo, no solo desde el lenguaje, sino también desde el uso de la luz, el sonido, la música y la propuesta espacial. La voz que suena en un lado proviene de otro. Las palabras se repiten hasta difuminarse. Nos proponen sentarnos en una disposición espacial que pareciera ser un bucle que nos incomoda. En la experiencia escénica, el público vive la acción de recordar como real, vive la música en el momento, el timbre de las voces, todos aquellos estímulos como reales. Sin embargo, siempre se diluye la posibilidad de sujetar el hecho. En este sentido, este cuento de Saer llevado a escena propone observar los límites del lenguaje y se convierte en puro acontecimiento que se corporiza en la propuesta que Coulasso y Roland brindan en el Centro Cultural Borges.
Error de cálculo
Un error de cálculo puede pasar no se escribió precisamente en los tiempos actuales, sin embargo varias frases, gestos, historias, perspectivas políticas hacen eco en el presente. La obra de Alejandro Robino recorre el derrotero de una familia de barrio, comerciantes ellos, con una vida típica narrada por el protagonista y único presente en la escena (Manuel Vignau). Desde la casa de ropa de trabajo de Don Alberto hasta el parripollo y el maxikiosko, observamos la historia de la clase media argentina desde la dictadura hasta la actualidad. Esa clase media que siempre que renueva candidatos cree no equivocarse nuevamente. Seducida por discursos exitistas que renuevan el mito del progreso indefinido y que bastardean el pasado inmediato. Siempre creyentes de que esta vez han renovado la escena política. Creyentes de estar por fuera de la tablita, por fuera de los ’90, por fuera del 2001, por fuera de la inflación y por fuera de la pandemia. En esta obra con un humor hilarante que apunta constantemente a reflotar el grotesco, más criollo que Discépolo, se cae la máscara de este hombre relativamente joven, de este Isidoro Cañones, qué a pesar de ser partícipe en las urnas se mofa de tener muy claro como todo se desbarranca. Con una escenografía y vestuario que emula la historieta o el cómic en blanco y negro, nuestro antihéroe, repite una y otra vez ese error de cálculo. La obra sin duda deja el título en un sabor amargo y una pregunta que repiquetea interpelándonos si aún ¿puede pasar?
El abismo del verbo
El abismo del verbo de Adriana Scheinin dirigida por Julia Furnari se lleva a escena los domingos en el Teatro Ítaca a las 20:30. Esta obra con las actuaciones de Virginia Sorsana y Ignacio D’Olivo se acerca a la historia de una mujer, para pensar el verbo en la historia de las mujeres. La palabra como objeto de comunicación implica una búsqueda constante en las voces del género que ha sido acallado y reducido a la labor reproductiva. El abismo del verbo avanza mediante un texto poético sobre cómo decir y qué decir una vez adquirida la voz. Reflexiona alrededor del rol de las mujeres pero también del rol de los hombres. Es allí donde la historia de esta dramaturga argentina entra en juego. Castelli como uno de los revolucionarios será cuestionado por esta mujer que deja en claro como aquellas palabras fueron tergiversadas y anuladas a lo largo de la historia argentina. Sin duda la obra habla del pasado del género femenino y deja ver algunas cuestiones que aun hoy siguen vigentes. El sonido del oleaje del devenir de estos cuerpos, una mujer que crece en su configuración como persona y un Castelli acallado se dirime el conflicto en una puesta que con pocos elementos (un vestuario artificialmente de época, y luces que brindan climas de opresión) logra transmitir preguntas y cuestionamientos al presente político e histórico del país.
Ficha técnica
Dramaturgia: Adriana Scheinin
Actúan: Ignacio D' Olivo, Virginia Sorsana
Vestuario: Cecilia Carbo, Camila Garin
Diseño sonoro: Federico Larocca
Redes Sociales: Agustin Corsi
Diseño De Iluminación: Diego Becker
Fotografía: Jorge Osvaldo Ceballos
Diseño gráfico: Ariel Piccinali
Asistencia de dirección: Omar Ruben Sorsana
Prensa: Daniel Franco
Producción ejecutiva: Gabriel Cabrera
Dirección: Julia Funari
Una memoria voraz
Narciso siempre se estrella es, sin duda, la frase cumbre de Una sombra voraz, la obra de Mariano Pensotti que narra, a modo de “basado en la vida real”, la historia de Julián Vidal (Patricio Aramburu). Vidal es un alpinista que decide escalar el Annapurna para honrar el nombre de su padre, otro alpinista fallecido que tenía como meta abrir una nueva senda en el tremendo monte. Frente a la temible hazaña inconclusa, y luego de que Vidal resolviera la meta pendiente de su padre muerto, la historia se convierte en un libro. Para filmar la vida de Vidal llaman a Manuel Rojas (Diego Velázquez).
Con esta estructura, Pensotti diseña, bajo el ala del vestuario y la escenografía de Mariana Tirantte, dos espacios simultáneos en que ambos personajes narran la historia del padre de Julián: el primero, como el hijo fanatizado por el logro fallido de su padre, y el segundo, a través del actor contratado, Manuel Rojas, que le agrega a la historia “real” esa cuota de epopeya cinematográfica que rompe con cualquier similitud de los hechos y gestiona grandes mitos heroicos.
La inteligencia de Pensotti radica en dejar a la vista todas las partes del fenómeno que tensiona la historia y la memoria. Como espectadores podemos ver “la historia real”, la interpretación literaria de esa historia, la cinematográfica que se declara realista, y la historia atravesada por las subjetividades de los protagonistas en escena y por las subjetividades que aportan a las múltiples interpretaciones. Sin duda, semejante debacle de la historia termina dejando espacio a la acción de reconstruir mediante la memoria, pero también mediante la ficción.
En ese torbellino de versiones de los hechos, que más que representarlos apremian por duelarlos, aparece un ingrediente cómico e irónico alojado en el libro de Petrarca, La ascensión al monte ventoso, que jamás subió. No obstante, de acuerdo al juego dramatúrgico de Pensotti, su narrativa sí incentivó a alpinistas a hacerlo. En esa trama se ven acciones que apuntan a mostrar el artificio teatral: las cintas de correr para repetir un texto, que replican uno y otro protagonista, se van alejando de su repetición. Y en esa misma distancia vemos dos cuerpos: uno capaz de escalar una pared y el otro con dificultades por una enfermedad que lo camina por encima.
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